| Asociación Interamericana de Periodistas de Economía y Finanzas | |||
| El mandato de la Virgen de Guadalupe de construir un templo sigue vigente ►Cada quien debe hacerlo con actos de justicia y amor |
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| por Luis Martín González Guadarrama en 9/12/2010 13:26 hrs | |||
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El mandato de construir un templo, que expresó la Santísima Virgen de Guadalupe a través de San Juan Diego, inició con el reconocimiento por parte del obispo fray Juan de Zumárraga en 1531 de la Aparición de Santa María, de su imagen en la tilma y con la construcción de la Basílica de la Guadalupe , sin embargo debe continuar con los actos de cada persona, y construir el templo de sí mismo, que es más valioso que las edificaciones materiales. |
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| Así lo señala la Congregación de San Juan Diego del Tepeyac (www.cruciferos.com) en sus textos fundamentales y agrega que la misión de la Santísima Virgen María es la de contener en ella todos los decretos de la creación y de la redención del género humano, razón por la cual Dios Todo Poderoso la constituyó como madre suya y madre de todo lo creado. La trascendencia de María se expresa en que el ser de la madre en los misterios de lo profundo de abajo y lo alto de arriba, como lo expresan los profetas, es el absoluto de la propia maternidad creada por Dios, de manera que cuando el Señor determino crear al universo y redimir al género humano, todo eso lo encerró en el ser singular y original de María. De acuerdo con documentos proporcionados por la Orden Crucífera a Impacto El Diario, el misterio de la virginidad de María no se expresa en la genitalidad, como normalmente se quiere encerrar, sino además en el hecho más trascendente de que María es el original de todos los decretos de la creación, como la semilla de donde sale todo lo que Dios a querido que venga a la existencia para que tenga su culminación y coronación en Cristo, para Cristo, en Cristo y por Cristo. Por eso los antiguos decían de María bajo el nombre de Guadalupe "la que procede de la región de la luz, como águila de fuego", la que aplasta la cabeza de la serpiente, para ser conducidos por Ella al Santo de los Santos del templo de Dios. El diablo es un accidente que será superado con la parusía El demonio, que no quiso amar los decretos de Dios, porque quería el Dios se hiciera ángel en él, y no hombre, quiso destruir el plan de Dios de hacerse Hombre, por lo cual indujo a nuestros primeros padres a la desobediencia, pero eso ya Dios lo había previsto en su omnipotencia. Por eso Dios previó que además de hacerse hombre, sería redentor, y que así como María era el original de la creación, será también el original de la redención. Habiendo venido Cristo al mundo y redimido al género humano, falta por consumarse la expulsión total del demonio, que es el enemigo de la humanidad y el que alienta la avaricia de los hombres, el enriquecimiento a costa de los demás y el egoísmo, las iras y el tratar los cuerpos hechos a imagen y semejanza de Dios para reducirlos a lo animal. Eso se realizará con la Parusía de Cristo, que es el soplo por el cual Dios expulsará al mal de la tierra hacia el fin de los tiempos. La Iglesia propone el ejemplo de Juan Diego Con la canonización de Juan Diego, la Iglesia reconoce que la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe estaba impresa también en el alma de Juan Diego, y Juan Pablo II proclamó el camino hacia la consumación de la voluntad de Nuestra Señora, de construir el templo con hombres, a través de la imitación del santo, quien se con su humildad se revistió de la Virgen , que es la más perfecta imagen de Cristo que una creatura puede alcanzar. Con tal santidad es posible alcanzar la más perfecta imagen del Padre Eterno y la perfección que El quiere de cada uno de los hombres, mujeres y niños, que de esto tengan noticia. Es de esta manera como el ser humano da cumplimiento al mandato de Cristo: Sed Perfectos como vuestro Padre Celestial es Perfecto, quien obró el misterio de la creación, la encarnación y la redención a través de María. A través de Ella también dará conclusión a la historia terrena de la humanidad y culminará el inicio de la historia celestial de toda la creación. De acuerdo con la Congregación de San Juan Diego, también llamada de Portadores de la Cruz de Cristo y del Templo del Espíritu Santo, este grandioso acontecimiento, inicia por el amor misterioso y eterno que Dios nos tiene por el que decidió crear todo cuanto existe y coronar esa creación al hacerse hombre con superabundancia de Gracia y Gloria a través de María. Ella estuvo presente por toda la eternidad en la divina voluntad misma de la creación del universo, la encarnación divina, la redención y recreación gloriosa de todo cuanto existe. En los íntimos misterios de esta divina voluntad, la determinación misma de hacerse hombre tenía que ver con el inconmensurable amor que prodigaba a María, en la que encerraba todos los tesoros de la creación que entregaría a su Segunda Persona desde el momento de su encarnación, la redención, hasta la Jerusalem Celeste. Ya en curso, la determinación divina de hacerse hombre fue la prueba de fidelidad para los ángeles, y muchos encabezados por Satanás no aceptaron y se rebelaron, por lo que fueron precipitados al infierno. Querían que en lugar de que Dios se hiciera hombre, asumiera la naturaleza angélica --se enangelizara-- porque consideraban al hombre como a una creatura baja y miserable, indigna de convertirse en dios por participación. El demonio no pasó la prueba La naturaleza angélica fue sometida a la prueba de la divina voluntad, consistente en que Dios crearía a una creatura tan agraciada y tan parecida a Dios Padre hagamos al hombre a Nuestra Imagen y Semejanza--, que ejercería como creatura con todo el poder de Dios por participación, la función de la primera persona de su Santísima Trinidad, Dios Padre, de engendrar a Dios mismo en su segunda persona, para revestirlo de una nueva persona en la que la creatura y el creador serían un mismo ser, con dos naturalezas. No se equivocaban los ángeles. Ello significaba que una creatura singular en Gracia, tendría la dignidad del Padre por participación, al ejercer el oficio de engendrar a la persona que reuniría a la creatura y al creador. Unos adquirieron la perfección de su naturaleza al amar esta voluntad divina. Otros fueron expulsados por rebeldes. No tanto el regir al universo que tendría la dignidad del hombre, sino el que un día Dios mismo pudiera decirse con todo el amor y delicada predilección y con toda verdad el Hijo del Hombre, fue la voluntad divina que los demonios no quisieron aceptar y que imitan quienes no quieren ser salvados por Cristo-- y a quien no quisieron servir primero fue a esa creatura singular tan agraciada que sería llamada la Madre de Dios, cuya identidad les estuvo vedada y cuyo imperio los humilla y pulveriza. Este modelo de María estaba reservado para todos los hombres, el engendrar por la Gracia regalo de Diosa Dios Hijo con la vida de cada uno, y adquirir de esa manera, la divinidad, para ser hermanos de Cristo y poder llamar Padre a Dios. Cristo redime y prodiga su gracia con María Perdido y lleno de envidia el demonio tentó en el paraíso terrenal a nuestros primeros padres para que desobedecieran a Dios, con lo que pensaba echar a perder los maravillosos planes que El tenía para nosotros. Sin embargo, en su incomprensible amor eterno y conforme a su eterna providencia, ya había determinado que aparte de hacerse hombre, también sería redentor y en un acto más grandioso que la misma creación, recrearía al hombre y a todo el universo, y lo haría de la forma más simple y maravillosa que su sabiduría quería regalar en superabundancia de amor a los hombres: a través de María. Así, aquella que ya estaba coronada como Madre de Dios, Templo y Trono de la Sabiduría , Hija de Dios Padre y Esposa del Espíritu Santo, tendría de forma inherente a su naturaleza la gloria de ser Corredentora con Cristo. En la regeneración, Cristo nos ha salvado con su vida, pasión, muerte y resurrección, y nos ha enseñado el camino que conduce a El para llegar al Padre. Falta que hagamos nuestra parte y ser perfectos con este trabajo. Una vez que hagamos nuestros los mandamientos de la Ley de Dios y los sacramentos, hay varias rutas que dan curso a la Gracia Santificante y que nos propone la Iglesia para llegar seguros a la santidad: las reglas de vida de los santos, sus consejos, su imitación, etc. Subida la Cerro del Tepeyac con Juan Diego No para minimizar la importancia de estos caminos, sino para coronarla, la Santísima Virgen enseñó un camino en el Nuevo Mundo, el cual sería conocido y cobraría significado y relevancia especialmente hacia los hechos escatológicos de nuestros días. Ello ocurrió cuando la Virgen de Guadalupe, que apareció encinta en el ayate de San Juan Diego en México, pidió que los hombres acudieran en todas sus necesidades a Ella y que le construyeran un templo. Con estas disposiciones, habrá de dar a luz a una simiente de hijos que tienen la imagen de Cristo y revisten su imagen virginal. Este camino que nos ha mostrado es el más directo y sencillo de todos para adquirir su imagen virginal y con ella la imagen de Cristo y la perfección cristiana: al subir un cerrillo, el del Tepeyac y hacer el oficio de San Juan Diego. Es necesario aprender de Ella y cumplir lo que nos manda, como lo hizo el santo, para que Ella imprima en nuestra alma a su perfecta imagen y siendo Ella quien más perfectamente imitó a Cristo Nuestro Señor, imprimirá en ese mismo acto a la imagen de Cristo en nosotros, con la que seremos reconocidos por el Padre Eterno, dado que lo estaremos adorando en espíritu y en verdad, como El quiere ser amado. Con esta forma de vida seremos la materia perfecta que Ella quiere para construir su templo, que es el templo de Dios en nosotros. Este templo es el que será medido con esa caña con la que San Juan midió al Templo en el Capítulo 11 de la Revelación : luego me fue dada una caña de medir, parecida a una vara diciéndome: Levántate y mide el Santuario de Dios y el altar, y a los que adoran en él. Esa caña con la que se nos medirá son las 7 prácticas de vida que nos hacen formar parte del templo y con las que adquiriremos la imagen de María con las que subiremos el cerrillo-- y con la de Ella la de Cristo: Pobreza, obediencia, castidad, estabilidad, conversión de costumbres, esclavitud a María y ofrecimiento de Víctima de Amor, que se nos han enseñado en todo camino de perfección cristiana desde Adán y Eva, Abraham, Moisés y los profetas, hasta la encarnación de Cristo y la fundación de la Iglesia y prevalecerán hasta su triunfo. Con esta forma de vida escalaremos las virtudes de María, que son las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, y las virtudes capitales de humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. Con la canonización de Juan Diego, el Papa Juan Pablo II ha presenciado, al igual que el obispo Fray Juan de Zumarraga, como la imagen de María está impresa no sólo en el ayate, sino que en ese acto también estaba impresa en su alma y que la Virgen Santísima quiere que todos los hombres imitemos a Juan Diego el más pequeño de sus Hijos-- para que como él, recibamos su imagen en nuestras almas, con lo cual cumpliremos su voluntad de construir el templo que quiere y que nos recordó a través de uno de sus más grandes santos, San Luis de Montfort. Esto es, edificar el templo de Dios en nosotros, para que podamos ser medidos con la vara que se entregó a San Juan. Estas son las alas del águila que en La Revelación le son dadas a la mujer encinta la Iglesia- que está por dar a luz, para que se refugie en el desierto, --que es figura de las 7 prácticas de vida que nos enseñaron los padres que en este habitaron y donde les fue dado ser portadores del Espíritu Santo--, donde comerá de los frutos del Espíritu Santo con los que será alimentada el tiempo señalado. Allí, nutrida con los manjares del desierto, dará a luz a estos hijos nuevos, a este templo semejante a Ella. Allí adquirirá esta construcción las proporciones del templo medido por San Juan. |
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